12 may. 2012

40 AÑOS DE ESCLAVITUD Y UNA CANCIÓN DESESPERADA



Son dos de los muchos que hay iguales a ellos. Juan acumula a sus espaldas 38 años de trabajo asalariado y ahora, a sus 56, por mérito de la Reforma Laboral del gobierno del títere de la Merkel, acaba de ver inscrito su nombre en la oficina del paro y le han dicho que a su edad hay pocas expectativas de que vuelva a encontrar trabajo; junto a él María, que ayer cumplió los 50 y que mañana se levantará a las seis de la madrugada para hacer lo mismo que ha hecho durante los últimos 30 años: limpiar portales de siete a nueve, acudir a esos dos domicilios en la que es asistenta doméstica, hacer la compra y la comida de mediodía en su casa antes de marchar a toda prisa para completar su jornada laboral diaria, ejerciendo de todo (enfermera, criada, amiga, cocinera…) durante tres largas horas atendiendo a una pareja de ancianos nonagenarios.
Hace ya 30 años que se casaron y tienen dos hijos que viven con ellos; Manuel de 29, que ha terminado la carrera de derecho y consigue trabajos temporales en lo que salga; y Pepi, de 26, que lleva cinco años preparando todas las oposiciones que salen y ayuda, las poquitas veces que puede, en las tareas de limpieza que habitualmente hace su madre. Juan y María nunca han tenido tiempo libre de verdad, ni vacaciones ni puentes, aunque algunos domingos en el verano salían muy temprano en su utilitario para pasar el día, con sus hijos pequeños, en alguna playa de las Rias Baixas y, una única vez en su vida, consiguieron ahorrar lo suficiente para pasar una semana en Alicante.  
Mientras el estado se prepara para inyectar 7.000 millones de euros a Bankia, que irán a parar a los mismos bolsillos de quienes se los han llevado impunemente; Juan y Pepi, sin ser economistas de renombre ni expresidentes de nada,  cuentan euros  y céntimos de euro… quizás intentando comprender la razón por la qué cuarenta años de esclavitud se han convertido en una canción desesperada.
Juan calcula que, actualizando las cifras al presente en base al poder adquisitivo real que ellas suponen, en sus 38 años de trabajador ha cobrado salarios por un importe aproximado de 450.000 €; María, por su parte, considera que no llega a los 330.000 € de ingresos totales. En total, unos 780.000 €  por toda una vida de levantarse cuando despunta el alba, deslomarse todo el día y acostarse, exhaustos, pasada la medianoche. Y así, cada uno de los más de 130.000 días que llevan conviviendo y luchando juntos; aunque, con una sonrisa pícara en sus ajados labios, María recuerde aunque no se explique cómo es posible que sacara tiempo para disfrutar de sus ocho o nueve mil encuentros de pasión y sexo con Juan que, al fin y al cabo, es lo único que les ha salido casi gratis.
A esos 780.000 € que Juan y María se ganaron con el sudor de todo su cuerpo (que decir que sólo la frente suda cuando se trabaja duro es minimizar el esfuerzo y caer en un tópico que es una gilipollez), hay que sumarle otros casi 120.000 € de ingresos por trabajos extra, pequeñas aportaciones de sus hijos  y herencias de sus respectivos padres y madres.  Llegamos así a 900.000 € que pagan, algunos dirán que justamente, toda una vida sin vivir más que para trabajar cada jornada; los mismos 900.000 € que cualquier gerifalte de Nova Galicia Banco o Bankia, cobran por apenas seis meses de dedicación exclusiva para ver de encontrar la mejor manera de llenar un poco sus bolsillos y un mucho los de la gente que les paga.
Pero, claro, Juan y María se han gastado 150.000 €, al cambio actual, para pagar las cuotas de hipoteca de ese piso que se compraron en un barrio obrero y que, en realidad, costaba apenas 80.000 € porque todo lo demás es lo que les ha cobrado el banco en intereses y otras zarandajas.  Y el problema es que los señores de la guerra instalados al frente de la economía han hundido el mercado inmobiliario y, si ese inmueble quisieran venderlo hoy, tendrían que aceptar el precio que le dieran aunque, ¡por muy increíble que parezca!, Facenda de la Xunta les cobraría substanciosos impuestos ya que para ella el mercado inmobiliario está boyante y no han rebajado ni un céntimo las valoraciones que aplican a la hora de recaudar impuestos.
Otros 60.000 € de sus ingresos totales, han ido para pagar el coche y los que le fueron substituyendo cada cierto tiempo, los muebles y todas aquellas cosas que hicieron habitable su vivienda y les permitieron acudir a sus puestos de trabajo.
Una vez descontadas las becas, casi 80.000 € es la cifra que les ha costado que sus hijos alcanzaran una formación que presumían idónea. Libros, material escolar, matrículas, actividades extraescolares, la Universidad, las academias, desplazamientos y estancias, etc., etc.
En salud y contando con que la sanidad pública aún no había sufrido el brutal recorte de Rajoy y compañía, se han gastado a lo largo de su vida en pareja unos mil euros por año; en total 30.000 €, para pagar el dentista, los pediatras, los medicamentos cotidianos que necesitas, alguna que otra analítica, los tratamientos de fisioterapia para tratar de que los dolores de espalda de María fueran lo suficientemente soportables para que pudiese trabajar, etc., etc.
La partida más ridícula es la que Juan y María han destinado a gastos de ocio y caprichitos; incluyendo los regalos de Reyes de sus hijos, lo que podría llamarse vacaciones y los helados que ellas incluían, las compras de algún perfume o crema especial, gastos de vestuario y regalos para esas siete bodas a las que han asistido, la compra, renovación o alquiler de material audiovisual, etc., han gastado la estratosférica cifra de unos 35.000 € repartidos con sabiduría económica extrema a lo largo de 30 años.   
Descontados los impuestos que los gravan, los gastos domésticos, comer cada día y vestirse, mayoritariamente en las rebajas, les ha supuesto a Juan y María alrededor de 265.000 €, apenas unos ridículos 2 € por día de media para atender las necesidades básicas de cuatro personas.  
De lo que Juan y María han ingresado durante 30 años de dura vida en común, quedan 280.000 € por asignar; más que lo que han gastado en comida y ropa, casi el doble de lo que han pagado por su vivienda, mucho más del triple de lo que han destinado a educación de sus hijos, prácticamente ocho veces el importe destinado a ocio y vacaciones durante ese mismo periodo. ¿Quién se los ha llevado?, ¿Quien le ha, literalmente, robado a Juan y María prácticamente la tercera parte de sus ingresos? El estado y sus poderes fácticos, a través de impuestos directos e indirectos que luego invierten en regalarle 7.000 millones de euros a Bankia, financiar las actividades en Afganistan y otros países del glorioso ejército de juguete del Reino de España, pagar a una monarquía parasitaria, mantener a chupópteros y reptiles varios, etc., etc.
Juan y María multiplicado por un mínimo de diez millones de familias en su misma situación suponen la astronómica cifra de DOS MIL OCHOCIENTOS BILLONES –con “b”- DE EUROS en los últimos treinta años. ¿Cuánto ha pagado la Banca y las grandes empresas en ese periodo?, pues lo menos posible y por eso se han enriquecido; mientras decían y dicen que Juan y María son los culpables de las crisis cirrótica del sistema, de que la sanidad pública vaya camino de regresar a la beneficencia, de que los alumnos de centros públicos son poco menos que idiotas fracasados que se no tienen capacidad de aprendizaje, de que nuestros mayores se mueren excesivamente tarde y por eso las pensiones son insostenibles; toda esa parafernalia de mentiras que pregonan unos medios de comunicación serviles y cuyo objetivo es ocultar, al más puro estilo nazi, que a los Juan y María de este país los están hundiendo en la miseria.
40 años de esclavitud y una canción desesperada… Juan y María son los Pedro Páramo de nuestro tiempo… “no pasa nada, estamos en el ocaso y son tiempos de nieve y frío, Juan tiene el futbol –piensa María para sus adentros-, lástima de que con los años y ahora que ya no tengo que tomar precauciones –continúa diciéndose en silencio- follemos cada vez menos…”
Pues eso.
        
© Xabier González, 2012
Twitter: @xabiergzalez